Estoy tumbado en la cama, con el portátil frente a mí, sobre mis piernas, con los auriculares conectados y escuchando por internet «El sitio de mi recreo» de Antonio Vega, repetidamente, en bucle.

Ayer domingo a las 20:21 horas subíamos a nuestros coches Loly, Toni, Marcos y yo, después de un hermoso e intenso fin de semana compartiendo experiencias, aprendizajes, abrazos, lágrimas, sonrisas, comentarios, comida, paseos, sorpresas… y sobre cualquier otra cosa amor, mucho amor.

Salíamos de Sirio en dirección a Caudiel y Valencia con una sonrisa eterna y un relax tranquilo y sosegado.

No puedo dejar de conmoverme al escribir esto, y junto con la música que entra por mis oídos, una lágrima abundante recorre hacia abajo mi mejilla derecha. Estoy contento y feliz, algo cercano a la plenitud momentánea, que se esfuma igual que una gota de agua o una brisa ligera.

Ocurrió de nuevo la magia.

Estamos recuperándonos de un intenso intercambio entre almas. Hoy para nosotros cuatro es un día de recuperación, no exento de nuestras respectivas tareas laborales habituales. Lo damos todo en cada encuentro, y este, el primero, nos está sirviendo mucho de experiencia. Positiva, muy positiva. Cosas que podemos mejorar, aspectos que pulir y reforzar, otros que potenciar… Muchas ideas, pero también un trabajo profundo, que sale de cada una de nuestras almas como el colofón temporal de un descubrimiento: nuestro compromiso eterno con el despertar de la consciencia, la ayuda a otras almas en su camino y el nuestro propio también. Todo en un eterno ciclo poco definido, sentido, esperado, y sorprendente.

Sabemos que estáis ahí, este fin de semana nos hemos puesto cara y cuerpo, nos hemos conocido y ahora ya es inevitable… Se ha abierto la puerta. Ahora estamos todas conectadas.

¿Os he dicho que os quiero?

(En unos días subiremos un cumplido reportaje de imágenes del fin de semana.)